sábado, 3 de abril de 2010

Un Dios de Oportunidades

Moisés desde pequeño fue librado a un mundo muy distinto al de su pueblo. Su madre lo crió y educó hasta que fue un niño, para luego, después de entregarlo a las aguas del mundo de Egipto, prohijarlo la hija del Faraón. Este pequeño niño, después de recibir todo el afecto de sus progenitores, fue desprendido de estos para ir a un universo totalmente desconocido, llevando consigo, los traumas que este desprendimiento e inserción producen. Desarraigado de su hogar. Sólo. Hoy diríamos, ¡criado a la buena de Dios!. Por descendencia, hebreo, y por lo tanto parte del pueblo de Dios; pero por crianza y adopción, parte del mundo de Egipto con su multitud de dioses. Este Moisés, sin conocer su destino, a una edad ya no tan joven, (cuarenta años) tuvo que escapar de las manos de aquellos que lo habían acunado, llevando consigo la condena a muerte por el crimen que había cometido. Un Moisés, que después de participar de todo el esplendor de Egipto y haber gustado de sus placeres, tenía que alejarse como un convicto. No tenía hogar donde recurrir. Despreciado y acusado por los de su mismo pueblo, como también, perseguido por los de Egipto que notaban en él algo distinto, ya que si bien pertenecía al entorno de ellos, sabían que no estaba del todo con ellos. Moisés, un conflictuado. Casi diría que pesaban aún sobre él, sus grandes temores y frustraciones. Pienso que su "tardo para hablar", que nos dice la Biblia, no era porque conocía pocas letras, toda la cultura de Egipto estuvo a su disposición, sino que creo, que era tartamudo por las presiones y las pruebas que le sobrevinieron en su niñez y adolescencia. Cuantas veces no habrá dicho: "Dios mío, Dios mío, mi madre me enseñó que tú eres el verdadero Dios. Pero ¡qué... de esta multitud de dioses? ¿Cuál es la verdad?". Cuantas veces habrá pensado, "Quizá si hubiese muerto como tantos niños de mi pueblo, hoy, no estaría pasando todo esto, ¿porqué este destino?”. Diversas pruebas vinieron a su vida después de estar cuarenta años en Egipto. Pero también otros cuarenta años más estuvo como un cuidador de rebaños, casi sin esperanza, dejando correr el tiempo. "¿Que haces Moisés?” Le preguntaban los otros pastores cuando se cruzaban con él, mientras pastoreaba las ovejas de su suegro en la zona de Madián,: "¡viviendo...!” Respondía, “¡dejando pasar los días y haciendo lo que tengo a la mano hacer!". Pero un día. Un cierto día que para él sería aparentemente como cualquier otro, nunca se imaginó que Dios lo estaría esperando. ¿En donde?. ¿En la Iglesia?... No. ¿A través de las palabras inspiracionales de su suegro, sacerdote de Madián?...No. ¿Después de largas oraciones y vigilias de la noche? No, si bien... ¿quién escudriño sus noches?. ¿En la plenitud de su juventud?... No. ¿Dónde entonces?.. ¡En el desierto!. ¿Como?... ¡solo!, ¿Haciendo qué?... ¡la rutina de todos los días!. En medio de un desierto que él conocía muy bien. Allí, nada inspirado, tuvo un encuentro con el Dios vivo. La llama en la zarza estaba ardiendo y es llamado por su nombre dos veces, ¡Moisés... Moisés!. Fue llamado dos veces. Dios siempre nos da una segunda oportunidad y al segundo llamado por su nombre él respondió “¡Heme aquí!” y a partir de allí fue para siempre cautivo de una voz. ¿Sabes lo que es ser cautivo de Su Voz. Sólo después de responder “heme aquí”, recién Dios le habló para decir lo que debería hacer. Este Dios es diferente. Es único. Es incomparable, no se le puede encerrar y no le viene bien una escultura, imagen o cuadro. Todo lo que intenta duplicar a Dios fracasa. El hombre relaciona o quiere relacionar a Dios con algo visible. Ese Dios que se identificó con Moisés, ese Dios que hablaba con él era un Dios personal, un Dios de relaciones, un Dios de personas. Pero Abraham, Isaac y Jacob, que decían tener relación con ese Dios diferente, ¿eran una clase diferente de personas?. El pueblo ¿era una clase diferente de pueblo?. ¿Eran mejores que otro pueblo?. ¿Eran una raza especial?. ¿Distintos?. ¿Eran únicos?. ¿Incomparables?... ¡RAZONEMOS CON ENTENDIMIENTO SEÑORES, UN DIOS PERFECTO NO ESCOGE UN PUEBLO IMPERFECTO!. Pero Abraham vivía con una civilización pagana. Isaac fue un hombre pasivo mas que activo y Jacob, bueno... ya sabemos todos quién fue Jacob, un engañador. Todos ellos tenían, grandes defectos de carácter, y en el caso que nos ocupa, Moisés, un asesino. DIOS NO ESCOGIÓ A AQUELLOS HOMBRES PORQUE FUERAN DIFERENTES. LOS ESCOGIÓ Y LUEGO LOS HIZO DIFERENTES. ¡ALELUYA! No fueron escogidos porque fueran grandes, fueron escogidos... y luego fueron hechos grandes. ¡DIOS ES EL GRAN DIFERENTE ...!!! A los hombres les gusta hacerse Dioses. Algunos de madera, otros de piedra, de metal, de plástico, de carne, para luego ponerles el nombre que quieren; auto, televisor, casa, sueños, hijos, políticos, dones, artistas, Ministerios religiosos. A Dios por el contrario le gusta hacer siervos grandes en Dios, de gente común. Hombres fuertes, de gente débil. Gente conocida en los cielos, de hombres y mujeres desconocidos. Hombres y mujeres santas, de gente no santa. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, José, y sigue la lista de hombres y mujeres que podría mencionar como ejemplos, son personas que DIOS OBRÓ EN SUS VIDAS. LOS SACÓ DE LA NADA, PARA CONVERTIRLOS EN ALGUIEN CONOCIDOS PARA ÉL. Dios se relacionó siempre con personas imperfectas. No hay otra clase de personas para Dios. Gente como Ud. ó como yo. Gente a la cual Dios ama a pesar de las imperfecciones, y luego las hace diferentes. Dios se relaciona con personas vivas. Con hombres y mujeres comunes que Él puede cambiar. Aquellos que estaban muertos pero hoy viven. Así como comenzó con un Moisés y otros, El también lo hizo en muchos de nosotros. ¿Cómo? Con la mirada puesta en DIOS DE LA SEGUNDA OPORTUNIDAD. Una confianza que convirtió a un fracasado en un ganador, a un incrédulo en amigo de Dios, un desposeído, como el hombre más rico de la tierra. Amados, hoy delante de Uds. tienen la gran oportunidad de dejar todo atrás y proyectarse hacia delante con una fe ciega en aquel que puede hacer todas las cosas nuevas. Romper yugos, soltar cadenas, cortar herencias, y a partir de hoy por la gracia incompresible de su misericordia, tomar de la nada a aquellos, que como Moisés son desconocidos para el mundo que los rodea, y hacer de lo que aún les queda por delante, hijos del altísimo que sirvan al Dios verdadero, sabiendo que por medio de la sangre preciosa de su Hijo nos hizo mas que vencedores en todas las cosas. Lo que necesitaba Moisés, y lo que todos necesitamos en medio de las experiencias incomprensibles y desconcertantes de la vida, no es una explicación, sino poder escuchar “la voz que nos hace prisioneros de Su amor”. Aún la muerte no pudo retener a Lázaro en su tumba ante el pedido de “esa voz” que reclamaba vida y una segunda oportunidad para el que estaba muerto. No busques una explicación y un porqué. Apóyate y descansa confiadamente en el DIOS DE LA SEGUNDA OPORTUNIDAD. Nuestro Dios es Dios de segundas oportunidades. Si no puedes creerlo, sólo te pido que levantes tus ojos y mires. Allí está ¿la puedes ver?
Es una cruz, es la eterna segunda oportunidad de todos los hombres, y sobre ella un cordero. El Cordero de Dios que siempre nos permite que haya para todos nosotros, segundas oportunidades.

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