martes, 3 de febrero de 2009

La riqueza de los salmos

Hay una abundancia escondida en el libro de los salmos; en el cual se encuentran las diferentes situaciones por las que pasamos los seres humanos. Podemos identificarnos grandemente , con las reacciones de quien escribió los mismos. Podemos ver a un rey David, lleno del Espíritu Santo , ya que el fué ungido a temprana edad; regocijándose en La presencia del Señor, adorándolo y alabándole: Alabad a Jehová, porque El es bueno; Porque para siempre es su misericordia. ( Salmo 107: 1)
También se muestra suplicante: Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor enemigo.( Salmo 64:1)
Regocijado y agradecido: Rebosa mi corazón palabra buena;
Dirijo al Rey mi canto;
Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. ( Salmo 45: 1 )
Otra forma en que David se mostraba era como una persona sedienta de Dios: Como el ciervo clama por las corrientes de aguas, Así clama por tí, Oh Dios, el alma mía. ( Salmo 42:1 )
Humillado y arrepentido: Ten piedad de mí, oh Dios,
conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.(Salmo 51: 1-2 )
Confiando en Dios: Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. (Salmo 3:3 )
Amargado y abatido: Se llenó de amargura alma,
Y en mi corazón sentía punzadas.
Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de tí. ( Salmo 73: 21-22 )
Estas son algunas de las situaciones en las que se encontró David en su vida, pero hay muchas más en cada salmo. Todas estas situaciones son las mismas que vivimos los seres humanos, cuando estamos alegres, cuando estamos tristes, cuando estamos, frustrados, cuando no tenemos explicación de algo, cuando estamos arrepentidos etc. En fin un sinnúmero de emociones que fluyen de nuestro interior en diferentes circunstancias de la vida. Pero podemos ver como David enteramente dependía de Dios en cada circunstancia, El se aferraba a esa roca de Salvación que es Cristo Jesús. Aun cuando éste no había venido en carne y hueso, su espíritu estaba vivo en éste Rey a Quien Dios llamó: Varón conforme al corazón de Jehová.

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