miércoles, 25 de febrero de 2009

Nuestro mayor enemigo

Es verdad que en éste mundo llegamos a tener muchos enemigos y sobre todo cuando conocemos a Cristo, éstos se multiplicarán, y tendremos persecución por causa de la palabra. Muchos se apartarán de nosotros, otros no nos entenderán y otros entrarán en conflicto con nosotros.
Jesús lo dijo en su palabra: No penseís que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.
Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;
y los enemigos del hombre serán los de su casa. ( Mateo 34- 36) Ya que El vive en nuestro corazón empezaremos a cambiar costumbres, ideas, preceptos, muros en nuestra mente serán derribados, cuando lo dejamos a El actuar en nuestras vidas.
Sin embargo, el mayor de los enemigos no es precisamente el diablo, sino nosotros mismos, es decir nuestra naturaleza pecaminosa. Ya que ahora tenemos ojos espirituales para visualizarnos por dentro, nos podemos dar cuenta, en qué estamos fallando.
Como dijo Pablo: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteís en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
Pero ahora dejad también vosotros todas éstas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia,palabras deshonestas de nuestra boca.
No mintaís los unos a los otros, habiendoos despojado del viejo hombre con sus hechos. (Colosenses 3:5-9)
Es nuestra responsabilidad y con la ayuda del Espíritu Santo, ir limpiando todas nuestras obras de la carne y revestirnos del nuevo hombre.
Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno. ( Colosenses 3:10 )
Cada día nos enfrentamos a ese enemigo, que es nuestro propio yo, el cual tenemos que ir venciendo hasta que sea formado Cristo en nosotros. Hijitos míos , por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. ( Gálatas 4:19 )

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