miércoles, 4 de agosto de 2010

¿ Está contaminada tu casa?

Hay muchos hermanos que, tal vez sin tener demasiada conciencia de ello, están viviendo una situación que está muy lejos de la voluntad de Dios: por un lado experimentan la presencia de Dios en los cultos, disfrutan de la gloria de Dios en las reuniones, salen llenos de gozo, con fe..., pero esa bendición no permanece. Al llegar a sus hogares queda muy poco de ella. ¿Qué es lo que está sucediendo? El panorama parece el descrito por el profeta en Malaquías 1:5-6. ¿Perdemos la gloria en el camino a casa? ¿Es ésta la voluntad de Dios? Ciertamente debemos meditar en nuestros caminos. La Biblia nos trae luz al respecto. Encontramos un precioso simbolismo en Levítico 14, del versículo 34 en adelante, con la ley de la lepra. Esta era una ley sanitaria dada por Dios a los israelitas para combatir el terrible flagelo de esta enfermedad. Pero sin lugar a dudas sus alcances para nosotros son aún mayores. La lepra en las Escrituras es un símbolo del pecado. Usted me dirá: "¿Por qué me está hablando de esto?". Porque lo amo necesito ser muy claro con usted: la presencia de Dios no se manifestará en nuestro hogar si damos lugar al pecado en nuestra vida. Si abrimos la puerta a algún tipo de contaminación espiritual, ésta nos robara la preciosa comunión con el Espíritu Santo. En Levítico 14:35-38, Dios les indicó a los israelitas los síntomas que ellos debían atender para prevenir esta enfermedad. ¿Cuáles son los síntomas actuales de contaminación espiritual en nuestras casas? Tristeza y depresión; falta de paz; inquietud permanente y sentimientos de angustia; no logramos mantener la comunión con Dios, ni podemos buscarlo en oración o a través de la lectura bíblica; y nuestra mente piensa cosas impuras o se enreda en contiendas. ¡Atendamos estos síntomas! Si afectan nuestra vida cuando estamos en el hogar entonces debemos acudir rápidamente a nuestro Sumo Sacerdote para que Él nos examine y si fuera necesario nos limpie. Usted no podrá cambiar a sus familiares (que tal vez se oponen a las cosas de Dios), pero bien puede tomar decisiones correctas para ser una luz en su hogar. Es su responsabilidad. ¡Usted puede lograrlo! Pero debe cuidar su vida espiritual cuando está en su hogar. Es interesante saber que el pueblo de Israel tomó posesión en muchas ocasiones, (tal como Dios lo había anticipado), de casas que habían sido construidas por los cananeos. En ocasiones estos pueblos paganos ocultaban en las paredes de sus casas pequeños ídolos como parte de su superstición. Cuando los israelitas los descubrían, los quitaban de sus casas. Me pregunto: ¿Tendremos ídolos escondidos en nuestra casa y quizás no los hemos descubierto? La televisión es un excelente medio usado por el maligno para traer los ídolos de este mundo a nuestra casa. ¿Qué hablamos, qué vemos, qué comentamos en nuestro ambiente familiar? ¿Hay lugar para el Espíritu Santo? Dios, nuestro Sumo Sacerdote, es el único que determina cuando hay lepra y cuando no. Por eso es bueno y necesario que nos hagamos ciertas preguntas: ¿Estoy cumpliendo mi rol de sacerdote del hogar? ¿Estoy orando y velando por la salud espiritual de mis hijos, de mi esposa, de mi esposo? ¿Estoy amargado, herido con alguien de mi familia? ¿Tengo reproches, falta de perdón? ¿Es la televisión una bendición en nuestro hogar, soy sabio y prudente con su uso? ¿Me obsesionan las noticias, el periódico, el materialismo, la comodidad? En definitiva, ¿Soy un buen cristiano en mi casa? Los israelitas debían arrancar las piedras contaminadas, raspar sus casas por dentro y derramar ese barro fuera de la ciudad (Lev. 14:40-41). Esto nos enseña que debemos tomar decisiones concretas y firmes. Hay que sacar la contaminación. Para ello debemos arrepentirnos y decidir el comienzo de una nueva etapa. Levítico 14 nos relata que en la purificación una avecilla era ofrecida en expiación, en sacrificio y otra era liberada. El simbolismo es muy claro: Dios es amplio y misericordioso para perdonarnos y nos da libertad para vivir un nuevo tiempo de gloria en nuestra casa. Atrévase. ¡Hoy es el día!
Claudio Freidzon

1 comentario:

Hercules Antonio Palermo dijo...

Muy bueno el tratado...! Me gusta el tema porque escribo de lo mismo.-

SALUDOS
http://herculesantonio.blogspot.com